14/04/18

Hace mucho tiempo que no escribo. No es por dejadez, es porque cuando empecé a escribir era porque necesitaba expresar cosas que estaba procesando. Con el tiempo veo que me mantengo durante una temporada y lo asimilo e interiorizo, y luego vuelvo a avanzar otro poco. Y es curioso porque veo que esto va para rato, que van saliendo cosas, y que van a seguir saliendo. Que van a haber momentos duros que la vida me va a poner por delante para seguir el camino dejando lastres atrás, que va a haber personas que se queden atrás, personas que lleguen o relaciones que se hagan más fuertes, sobre todo conmigo misma.

He llegado a perdonarme a mí misma por actitudes que me han hecho mucho daño pero que fueron la clave de mi supervivencia en el pasado. Como toda persona he experimentado circunstancias de la vida muy duras y estoy orgullosa de haber sido fuerte, pero irónicamente aquel que se hace fuerte también sufre mucho y se debilita por dentro, y muchas veces creamos una armadura que nos protege. A partir de ahí, caminamos con esa armadura que nos protege más de lo que vivimos en un pasado (y el miedo a que vuelva a ocurrir) que del presente. Y ese es el daño que nos hacemos, que nos hacemos todos y que es normal. Porque uno no nace sabiendo. Y llega un momento que esa armadura pesa demasiado, o la sueltas o mueres cargando, pero soltarla cuesta porque pesa y está oxidada. Y te vas desprendiendo y te sientes liviano pero a la vez tu piel empieza a sentir las inclemencias del tiempo y te abruma. Y eso es lo que pasó con mis emociones. De repente le di cabida a un aluvión de emociones y pensamientos que sufrí y no pude procesar, que guardé y ahora vivían juntos. Además, antes de soltar la armadura, cuando estás caminando con ella y ya no estás a gusto pero por miedo a lo que hay debajo la sigues llevando, empiezas a caminar mal, sin coherencia, y ahí es cuando tú mismo te das palos a ti mismo, y te resientes, y ese resentimiento está ahí hasta que te perdonas. Te perdonas porque lo has hecho lo mejor que pudiste, porque te lo mereces porque sí, por el ser que eres, porque fuiste valiente de dejarlo atrás aunque arrastraras la situación… Y porque no es cuestionable que estuvieras preparado antes o después. Todo llega a su tiempo… Y todo es perfecto. Dejas de reclamarte los cómos, los cuándos, y empiezas a querer a esa niña dolida que había en ti, y te reconcilias con ella. Parece que la ves desde fuera y sientes un profundo amor, y sientes compasión, no como lástima sino con empatía, y entonces te conectas contigo misma.

Ahora de repente aparece gente del pasado con la que no existía prácticamente contacto reclamando cosas sin sentido. Una de ellas, la que lleva el carro del reproche hacia adelante, me reclama cosas que no se ha perdonado a sí misma, pues no se ha perdonado haber pasado por malas etapas, por haber sufrido, por haberse aislado… Y si no se perdona a ella misma por ello no me perdonará a mí. Yo soy un reflejo… y me reclama cosas que se reclama a sí misma. Crece un resentimiento contra mí cuando no hay hechos en los que se sustente. Pero nada es casualidad… Y ahora que yo me he perdonado por sufrir, por luchar, por no luchar, por cómo lo hice o lo dejé de hacer… Ella surge de la nada a reclamarme eso mismo. Cómo lo hice, cuándo, por qué, con quién, si sí o si no… Basta. Yo me he perdonado, y no voy a dejar por miedos e inseguridades que tu reclamo me haga dudar de mi ser. Yo me acepto, yo me amo. Y te dejo ir… Te seguiré amando por lo que fuiste y por tanto por lo que eres y serás, porque el ser, la esencia, nunca muere… Lo demás es el espacio-tiempo que creamos, los sentimientos, los apegos, las ideas, los hechos puntuales… Y he aprendido que las cosas son, en esencia, y lo demás son añadidos. Y que para ella existe un pasado y un resentimiento, unas ideas y unas limitaciones que la van a acompañar diariamente para hacer de eso su presente infinito, que no suelta el pasado y lo hace su futuro. Para ella existe lo que ella cree que pasó. Ella elige ver eso y eso será. Y ella es esclava de lo que refleja. Pero yo la veo pura, y acepto que esté en su proceso, que vea las cosas desde donde las ve, porque es su camino, su perspectiva, su piel… Y es su realidad. Y la respeto, porque lo que está viviendo es real. Y la compadezco… Con amor, no con lástima… Porque está luchando contra sí misma. Porque recordemos… Las cosas son lo que tú quieres que sean. La realidad la creas tú. Tu realidad.

 

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