22/01/2018

Parece mentira cómo una emoción, a largo plazo, te intoxica por dentro. Un día da malestar, dos molesta, tres da ansiedad… Pero a largo plazo, oculta, persiguiéndote para que dejes de huir y le plantes cara, intoxica. De repente te sientes mal, no sabes qué es, pero todo tu cuerpo reclama algo que no entiendes. Que si náuseas, que si dolor de cabeza, ansiedad, ansiedad, ansiedad, cansancio, ojos pesados, mal dormir… Pero cuando tomas consciencia, cuando llegas a un punto de tu vida en el que comprendes lo que te hace daño y que no puedes seguir, ese malestar es tan consciente que no puedes aguantarlo. No puedes porque no tienes por qué, porque estás agotada de encontrártelo cada día, porque indica que algo anda mal y ya no estás dispuesto a dejar que eso siga haciéndote daño. QUE TÚ SIGAS HACIÉNDOTE DAÑO. Y aunque cueste, peques y te vuelvas a intoxicar, aprendes, lentamente, a soltar. Pero para soltar primero pasas por un umbral de dolor, dolor emocional, que casi te vuelve loco, y ese dolor te lleva, a veces a costa de la salud o años de sufrimiento, al primer paso. El primer y maravilloso paso de QUERER SOLTAR. Porque no es tan fácil. No sueltas sin más… Pero es un paso que te empodera, que ya está conectado con esa autoconsciencia, y que poco a poco quedará, nada más, en el aprendizaje de SOLTAR.

Y ahora quiero soltar. Y voy a soltar.

Anuncios

15/12/2017

A veces hay ciertos acontecimientos recurrentes en la vida de uno, y cierto es que solemos negarnos a ellos. Dicen que hasta que no lo aceptamos, no lo procesamos, es algo que vuelve a suceder. Y así, vamos reviviendo algo que no nos gusta, que rechazamos y nos hace vociferar lo desgraciados que somos. Y vuelve a ocurrir, y nos volvemos a revolcar en ese dolor.

Cierto es, también (creo), que una vez entiendes lo que ocurre, por qué, cómo reaccionas así y el motivo, algo hace clic en tu interior, y de repente estás en paz con ello, no juzgas. Coges el aprendizaje y lo interiorizas. Todo de manera natural. Y la vida está llena de ellos. Es un no parar. Agotador pero a la vez reconfortante.

Muchas cosas están escondidas en nosotros, cosas del pasado, sobre todo del pasado. Incluso cosas de la infancia que no pudimos procesar como niños y nos sigue afectando de adultos. A veces somos conscientes y nos da rabia no poder cerrar esa herida. Pero en vez de vernos víctimas, debemos entender que tenemos la opción de aprender o de seguir siéndolas. Y el ser humano tiene tendencia a proyectarlo todo de la manera más negativa posible.

Entre otras cosas, debemos recordar la importancia de educar a los niños emocionalmente. Parece que estamos lejos de un sistema educativo que incluya algo tan obvio, pero paso a paso debemos intentarlo, y el primer paso es tomar consciencia nosotros mismos. Porque hay cosas que de niño no se pueden evitar, y no estamos preparados para procesar, pero una buena educación emocional ayudaría a los niños a entender sus emociones, a prepararlos sobre todos para entenderlas el día de mañana, a cerrar heridas cuando ya estén preparados y, por qué no, a enfrentar esas emociones, porque tenemos la costumbre de huir de ellas. Y eso sí que hace daño.

12/12/2017

Ese peso en la cabeza, ese pestañear suave y arrastrado, ese no poder pensar nada más, ni querer. Cuerpo caído, que pretende relajarse, y lo que refleja es el peso de la vida. Y el ritual antes de irse a dormir, ritual que algunos ni tienen. Ahí dónde les atrapa y cómo les atrapa caen, sin remordimientos. En la cama, con lo que llevan puesto.

Es dulce, es dulce… Esa sinestesia que todos entendemos. Ese dejarse llevar, no importar nada. La mente que cede, que deja al cuerpo guiarte… Y te fundes con las sábanas. Y te pierdes… Siempre sin saber el momento exacto.

10/12/2017

Echarte de menos es quererte en la distancia como si estuvieras aquí, a mi lado. Echarte de menos es querer sentirte, imaginarte, recordarte… desde el amor, desde el ser completo, lejos de la necesidad. Porque aún sin estar físicamente a mi lado nada cambia, porque eres, y yo soy. Y lo demás… lo demás es un estado temporal. Aquí y ahora no estás, pero aquí y ahora estarás.

9/12/2017

Mañana. Mañana tranquila, emocionada, feliz. Empiezo a sentir ese sentimiento sin miedos, sin expectativas. Soy y dejo ser. Y me dejo llevar. Y te das cuenta de que ser feliz no va de la mano de nada. No es una persona, no es un objeto, no es un trabajo… Aunque todo puede contribuir a nuestro bienestar. Ser feliz, diría yo, es la ausencia del “ego”, ese “ego” que mantiene a flote en nosotros una perspectiva miedosa y material de la vida. Es apartarse un poco más del ritmo de vida que llevamos y centrarnos en nosotros mismos, lo que necesitamos y en lo que creemos. Es fácil dejarse arrastrar, pero, ¿quién no se ha sentido perdido alguna vez en este sistema? ¿Obligado a X para poder tener Y?
A veces es necesario mantener la calma.

No sé cuál es el camino, pues solo veo mis pies en la tierra, pero los veo, están ahí, y no me preocupa nada más que verlos ahí. Eso me hace sentir bien. Y no quiero nada más que verlos “ahí”. En ese “aquí” permanente, infinito en el que se van a encontrar. Porque solo existe el ahora. Y si lo vives, mágicamente, el tiempo se para, no existen relojes. Y de repente nada tiene más importancia que lo que tienes delante. Dejas de proyectar en luego, mañana, la semana que viene… Y dejas de querer controlarlo todo. Dejas de vivir en ese permanente estado de alerta por el mañana, y vives el hoy.

Simplemente vives.

7/12/2017

Me dispongo a cerrar el día aquí.

Es fecha, no nombre, no título. Ninguna palabra tiene intrínseca la mezcolanza de sentimientos, a tal intensidad; a veces tan turbios, otras veces más relajados.

Es una montaña rusa de autoconocimiento, de enfrentarse a los sentimientos. Obviarlos no es opción ya. Y parece mentira, cómo lo poco puede ser mucho, pues la costumbre era vivir tras una pared blanca interminable, y ahora se filtra hasta el más mínimo estímulo. Y todo es un mundo. Es habituarse, definir, concretar, entender y separar. Y mañana todo será más fácil.

Triste es que muchos no sepamos gestionar nuestras emociones. A veces es la saturación, a veces el no ver que existen y seguir maquinando. Es una sociedad que mira hacia otro lado sin saberlo, creyente de ser conocedora de todo y no sabe nada. No se sabe.

 

6/12/2017

Son ganas de huir, desesperación marcada. Momentos de saturación. Ganas de dormir, de desconectar. Sobre todo de desconectar y de poder descansar. Ya son días sin la fase REM. Aunque contrariamente parece que el día es lúcido, descansado. Es un momento de ligeros pero importantes desajustes, de desgaste. Y una montaña rusa. Ganas de calma. De corazón.